Re-encuentros

Esta mañana he quedado con una antigua amiga. Nos conocimos hace 14 o 15 años en una formación. Nos hicimos muy amigas. Conectamos muy bien desde el primer momento. Pasado un tiempo nos distanciamos, no sé muy bien por qué, aunque no me extrañaría que mi carácter absorbente de aquel entonces influyera.

Nos reencontramos nada más perdí el pecho, hace unos 7 meses, y como ahora vivimos cerca, nos hemos estado encontrando con cierta frecuencia.

Hace algo más de un mes me dijo que le habían diagnosticado cáncer de mama… Me quedé helada. Desde entonces hemos tenido algo de contacto por WhatsApp, y por fin hoy hemos quedado para dar un paseo y tomar un café.

Ha sido fabuloso recordar el motivo que tanto nos unió en su día: lo que habla una expresa lo que ronda en la mente de la otra, y lo que la segunda cuenta es la misma sensación profunda que tiene la primera. Encontrar en alguien un absoluto espejo de tu vivencia profunda, esa que va más allá de las circunstancias, es conmovedor. Aunque no suelo precisar en exceso del exterior para darme credibilidad con respecto a mi propia verdad, verla reflejada en otra persona, reconozco que me ayuda a anclar esa “verdad”, que forma parte del relato de mi propia experiencia vital. Creo que a ella le ha pasado algo muy parecido.

Espero seguir encontrándome contigo, en el sentido más amplio de la expresión, porque me ayudas, también, a encontrarme conmigo misma. Este post te lo dedico a ti. Gracias, valiente.

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