Mis deseos para ti son…

No te desearé una paz que provenga de que nada te altere,

ni una felicidad tan comúnmente confundida con euforia,

a merced de las millones de cosas que hagas o te ocurran,

o de cuánta gente revolotee a tu alrededor.

No te deseo un amor de esos que se obtienen, se sustituyen, se negocian, se exceden,

se quedan a medias, se controlan, se piden cuentas, se asustan,

retroceden o se emocionan en exceso.

Tampoco que cumplas unos sueños que transcurran sobre ruedas,

y mucho menos si aspiran al mantenimiento de tu zona de comodidad.

No te desearé nada de eso, porque todo eso es fantasía.

Te puedo desear salud,

pero soy consciente de que mi deseo no va a evitarte que un buen día se te debilite.

Y, por desgracia, aunque la cuidemos, no depende de nosotros.

La vida trae pérdidas, dificultades, frustraciones…

Sobre todo, cambios constantes, uno tras otro.

Y muchas, pero que muchas oportunidades.

Así que lo que SÍ TE DESEO es la entereza necesaria para afrontar todo ello

sin dudar ni por un momento de que no hay nada que no puedas enfrentar ni desafiar;

Te deseo esa paz que te permita ver con honestidad,

acoger con amor y bailar al compás de lo que tenga que pasar.

Te deseo que en el camino hacia tus ilusiones o sueños ocurran tantas contingencias

que te veas obligad@ a poner tu mente creativa a funcionar,

y cuando los consigas, te puedas mirar al espejo y decirte orgullos@

“¡si soy capaz de todo esto, soy capaz de mucho más!”.

También te deseo mucho Amor del bueno, de ese que nace de ti

y que está, principalmente, dirigido hacia ti mism@.

Que, a partir de él, tengas con quien relacionarte de una manera amorosa y libre,

y que seas lo suficientemente honesto y valiente para dejar salir de tu vida a quien,

por los motivos que sean, ya no puede o no debe estar en ella.

Te deseo capacidad para cuestionarte;

motivación para sacarle chispas a todo:

a cada contratiempo que sufras y a cada oportunidad que se te presente;

que seas permisivo contigo cuando necesites parar, romperte, rendirte.

(Porque sí: rendirse también vale.)

Te deseo una mente abierta para conocer y comprender los misterios de la vida,

y un corazón enorme capaz de agradecer cada una de las realidades transitadas.

No sé si te deseo felicidad, porque no tengo del todo claro lo que significa.

Pero sí te deseo confianza plena en la Vida, en la muerte -en su sentido más amplio-,

esa confianza que permite reconocer lo que tienes delante y lo que te hace sentir,

que te permite sentirlo, que te permite conocerte mejor,

y que trasciende cualquier emoción.

Y te lo deseo porque es exactamente lo mismo que me deseo cada día a mí misma.

Porque esa confianza no vive en mí de manera inamovible, pero sí he reposado en ella en momentos más o menos fugaces, y me he sentido poderosa e indestructible.

Saber de esa confianza no evita el miedo a la enfermedad, ni a las pérdidas, ni al fracaso, ni a las hostias que da la vida, y saber que ocurren no evita que ocurran, pero sí nos pone en posición de ventaja con respecto a la posición que tiene quien vive en mundos imaginarios. Da coraje y puede ayudar, en algún momento del llanto, del cabreo, de la huida o de la negación, a pararse, coger aire, y saltar al abismo con los ojos cerrados.

Pensándolo mejor… por si esa confianza tuviera algo que ver con la felicidad, sí: ¡te deseo mucha, mucha felicidad!

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