Balance del año

Se acerca fin de año y, como cada año desde hace ya muchos, procedo a realizar un balance que me sirve, sobre todo, para honrar los eventos que han sucedido y, de algún modo, intentar anclar los aprendizajes adquiridos. Este año lo haré a través de este blog.

De 2018 podría decir que ha sido uno de los años más difíciles de mi vida y, simultáneamente, uno de los más transformadores y mágicos.

El temazo “ser mujer” estuvo presente desde el inicio del año. La primavera transcurrió entre movilizaciones feministas que me generaron una comprensión más profunda y una mayor interiorización sobre cuán poderosas somos las mujeres, y cómo la energía femenina puesta a funcionar, puede, podrá, cambiar el mundo.

Llegó mayo y con él la operación, y sin saberlo, el fin de Itxaso, tal y como me conocía hasta ese momento. Seguido, la infección, la mutilación sin maquillajes ni prótesis, el quieromorirme más absoluto, los porquéamí sin respuestas, los quéhehechomal sin explicación; culpas y penas sumadas a dolores intensos e incapacidad física.

Pero soy de las que verifica, con cada destrucción que ocurre en mi vida, que las oportunidades siempre esperan a ser reconocidas: conocí mucho mejor a Pablo, mi pareja desde hacía poco más de un año, en toda su esencia de maravilloso hombre cuidador; miedoso y confundido unas veces; amoroso, alegre y fuerte cada instante de todo este camino. También he tenido la oportunidad de reencontrarme con antiguas amistades en lo más profundo de nuestros corazones, y de conocer a nuevas y maravillosas personas que poco a poco se van incorporando a mi vida. Mis padres, tal y como ya demostraron con mi hermana, presentes, asustados, fuertes…, pacientes y dispuestos siempre.

Pasó el verano de mierda y empecé a ver un poquito la luz: unas breves vacaciones a la playa, piscina, ejercicio… autonomía a fin de cuentas, como paso previo a iniciar la fase de reconstrucción del pecho izquierdo. Y en ese proceso de recuperación empezó a asomar la otra oportunidad, la magia verdadera, la interna: una catarsis brutal desencadenada por una sesión de fotografía, que me catapulta a un nuevo paradigma en la manera de vivirme; se gestan dentro de mí nuevos proyectos; escribo durante meses como una posesa; nace Bracky, como ilustración, como blog, como terapia, y como puente a conocer otras realidades… y termino el año con un globo a la altura de mi corazón y dispuesta a seguir dejándome llevar y a trascender verdades que ya no me sirven, que ya no quiero.

Así que mil gracias, 2018. Al 2019 me lanzo con alegría.

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