Sobre los fantasmas…

Los fantasmas… esos que revolotean a nuestro alrededor en los periodos de estrés. Un elemento más a tener en cuenta en nuestra vida, sobre todo en esos momentos delicados.

Fantasmas, como tener un pequeño desencuentro con mi pareja y confundirlo con el sentimiento de pérdida que se me instala automáticamente en el estómago a pocos días del segundo aniversario de la muerte de mi hermana.

Fantasmas, como que vengan mis tíos a visitarme y me empiece a sentir tan enferma como el día aquel que vinieron a verme y al rato tuve que subir de urgencia al hospital.

Fantasmas, como llegar a la primera inflada de mi globito, que me salga un poco de seroma tras el pinchazo, y visualizarme de nuevo en una cama de quirófano teniéndome que sacarme la prótesis por infección. Que me duela la cabeza, que me sienta mareada…

Con fantasmas me refiero a esas memorias, mías o aprendidas de mi familia, que emborronan mi día a día, y se empeñan en que construya una realidad distorsionada. Son mis miedos invadiéndome por arriba, por abajo, de frente, por la espalda y por adentro. Son culpas que me pesan como una losa, y que de vez en cuando me susurran al oído que no me merezco que tal cosa me salga bien.

Los fantasmas son inevitables, y “no hacerles caso”, como pauta o como teoría, a mí no me aporta una mierda. Porque revolotean y no los puedo obviar. Y a veces me asusto mucho. Pero me esfuerzo por convivir con ellos: no luchar para no debilitarme yo, ni darles de comer a ellos. Son un elemento a más a tener en cuenta, por supuesto, pero no pienso dejar que se adueñen de mi realidad.

Porque, por suerte, también hay fantasmas buenos que espantan a los malos, y, si le doy permiso a la vida para manifestarse, a veces también me regala motivos, alternativas, oportunidades, soluciones y abrazos llenos de Amor.

¿Os ha pasado algo parecido?

Gracias por leerme.

 

 

 

2 Comments

  1. Los fantasmas. Son como una sombra que están esperando a encontrarme en ese momento de vulnerabilidad. Te entiendo tanto. Yo me tengo que hacer la reconstrucción y no puedo ni imaginarme el día que llegue al quirófano y tenga que vivir todos esos sentimientos de nuevo. Es muy fuerte todo. Es mucho. Eso siento, que es mucho y que el fantasma de la inseguridad me haga caer. Pero siempre terminamos saliendo adelante. Después de todo el dolor seguimos caminando y disfrutando cada atardecer, cada luna llena. Si se puede.

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