La reconstrucción de la teta que me falta

Llegó el momento: mañana entraré en quirófano para iniciar la reconstrucción de mi pecho izquierdo.

En las últimas semanas he tenido sentimientos muy encontrados entorno a esto, con muchas ganas y mucha resistencia a dar este paso. Miedos y dudas recorriendo caóticamente mi cabeza.

¿Quiero reconstruirme el pecho? ¿Y si sale mal? ¿Y si sale bien? ¿Para qué me quiero reconstruir? ¿Por quién? ¿Por mí? ¿Por los demás? ¿Y si es por los demás, qué pasa? ¿Esta mal que no quiera que me vean deformada? ¿Y si me quito la teta que tengo y me quedo plana? ¿Es malo querer simetría en mi cuerpo? ¿Seguiré escribiendo después de operarme? ¿Seguiré dibujando a Bracky? ¿Y cómo dibujaré a Bracky después? ¿Tendrá sentido Bracky? ¿Tendré sentido yo? 

Así que, hace una semana me puse enferma. La versión oficial es que “me quedé fría”. La verdadera es que me acojoné mucho. Porque reconozco que estos 5 meses, estos jodidos 5 meses, he crecido como nunca, y el dolor sentido me ha nutrido como nada, y me acojonó mucho que el proceso -en todos los sentidos- creativo iniciado se viera frenado por una teta.

Hasta que he comprendido que nunca fui mis dos tetas, ni recientemente he sido mi no-teta, ni dejaré de ser por volver a tener la teta que me falta.

Porque esta historia de tetas no va de tetas. Va de aceptación y amor. Y de eso (¡sorpresa!) ahora mismo, me siento llena.

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